jueves, 3 de enero de 2013

La humanidad después de 2012..

¿Somos capaces de afrontar la responsabilidad de construir un futuro sin fecha de vencimiento?


Por Brad Hunter Periodista





La humanidad después de 2012.


Ninguna civilización en la historia ha profundizado tanto en el conocimiento y dominio del tiempo como lo hizo la cultura maya.

Para esta el tiemporepresentaba el lapso en el que se cumplimentaban procesos cíclicos del cosmos, los cuales eran representados dentro de sistemas calendarios como kines, uinales, tunes, katunes y baktunes, los cuales iban creando un engranaje temporal de dimensiones gigantescas.

El calendario fue, desde su creación, una de las herramientas que utilizó la humanidad para medir y comprender los procesos de la vida dentro de ciclos que entendemos como tiempo.

Basado en frecuencias de movimientos astronómicos, es la galaxia y su relación con el Sol, y a su vez el Sol en su relación con la Tierra, lo que marca los ciclos importantes y comprensibles para el hombre.

El mundo maya representó el estado del arte en términos de medición temporal.

El calendario maya es vigesimal: veinte días es jun winaq, un mes; 260 días es un año, tun; 20 años un kíatun y 400 años un bíaktun. Trece bíaktunes de 400 años suman 5.200 años, estos constituyen una era de tiempo.

El 21 de diciembre estaremos finalizando la cuarta era a partir de la cuarta creación en que se creó al hombre de maíz.

Para quienes estudiaron la cultura maya resulta evidente que no predijo el fin del mundo el 21 de diciembre de 2012, sin embargo, esta fecha si tuvo cierta importancia histórica para su cultura, en la medida que, según algunas cuentas, marca el fin de un ciclo en su calendario.

Este 2012, justo el 21 de diciembre, era indicado por los Señores del Tiempo mayas como el inicio de una nueva era.

El 13 bíaktun, por lo tanto, ofrecería según las tradiciones una oportunidad de profundos cambios para la humanidad, una oportunidad para llegar al amanecer de un nuevo sol, el quinto sol.


Cambio de época


Estamos frente a un cambio de época y no una “época de cambios”. 2012 ya está terminando y, mientras muchas personas en todo el mundo esperan el cambio en el afuera, no se percataron de que el Apocalipsis existe, pero está dentro de cada uno de nosotros. 

Apocalipsis significa revelación y ha existido progresivamente un silencioso proceso interno de evolución acelerada de la conciencia.

El ser humano siempre ha sentido inclinación por exteriorizar los procesos evolutivos y aun con todos los avances y conocimientos sigue creando mitologías cósmicas que intentan calmar su incertidumbre acerca del futuro incierto.

Pero como establece el principio de incertidumbre de la mecánica cuántica, cuanta mayor certeza se busca en determinar en la posición de algo, menos se conocerá la posición real que adoptará aquello que se pretende determinar.

Esto podría implica que el futuro no está determinado ni puede establecerse previamente, está en construcción, no tiene asociada una trayectoria definida.

El ser humano, en su afán de predecir y determinar lo que aún no ha sucedido, ha creado y empezado vivir una parafernalia de posibles futuros que lo ha llevado a planear vivir en refugios subterráneos, pueblos abandonados o aldeas autosustentables con el fin de guarecerse del gran cataclismo de 2012.

Supuestamente se desataría en grandes tormentas solares, rayos sincrónicos del centro galáctico, terribles cataclismos climáticos, etc. Otros llevados por teorías conspirativas aguardaron la llegada del Nuevo Orden Mundial, una confabulación de sociedades secretas al servicio de entidades malignas que buscan quedarse con el control de nuestras vidas y del planeta.

No debemos dejar de lado a aquellos dependientes cósmicos que esperan la ayuda e intervención de los hermanos mayores de otros mundos –pleyadianos, andromedanos o arcángeles– que con voluntad divina esperan que se desate la catástrofe para evacuar a los elegidos y conducirlos a un nuevo planeta libre de la acción destructiva del hombre para iniciar el nuevo mundo.

Nunca el hombre se ha responsabilizado por sus actos, culpando siempre a otro bajo la excusa del “yo no hice nada” o el “yo no fui”.

Dependemos siempre de creencias, y cada uno de los diferentes tipos de credos tiene instituido a un mesías salvador que retornará en el momento en que los creyentes en su búsqueda de la verdad terminarán de destruir el único templo que nunca reconocieron como tal: la Tierra y su única religión, la vida.

Gracias a los mayas hemos creado un cóctel extraordinario de creencias y proyecciones del futuro que sólo nos enfrenta ante un espejo que nos muestra nuestra propia imagen, la que esquivamos en aquella búsqueda por trascender con éxito una etapa crítica de la humanidad, construida con la exclusiva responsabilidad de nunca habernos hecho cargo de la responsabilidad que significa ser dueños del libre albedrío.

El progreso humano está cerca de llegar a un punto sin retorno, en el que se dualiza el futuro solamente entre dos opciones: la evolución y transformación de la especie o el dirigirse a su progresiva extinción.

Hemos alcanzado el conocimiento que nos permite la manipulación de nuestro propio código existencial, en el que rediseñamos las especies, creamos vida artificial y en el que la ciencia tecnológica nos acelera el rumbo existencial que atenta contra la propia existencia.

Con esto no se pretende negar la existencia de vida extraterrestre, de fuerzas manipulativas enquistadas en el poder y de la presencia de maestros y guías espirituales de la humanidad, tan sólo debemos aceptar la responsabilidad evolutiva y hacernos cargo que los que estamos realmente a cargo de la nave Tierra somos nosotros.

El crearnos expectativas externas a nosotros mismos puede conducirnos a evasión de responsabilidades internas y propias de la superación evolutiva.

El ser humano debe tomar conciencia de que crea todo aquello que cree y que da forma al Apocalipsis.

Esto sólo existe en la mente y en las creencias humanas como parte de un miedo ancestral a un futuro que primeramente soñó como probabilidad nacida del reconocimiento de sus propios errores evolutivos no asumidos.

El año 2012 significaba para José Argüelles, especialista en el calendario maya, el fin de un proceso de realineamiento, el final del encantamiento del sueño, un estado irreal de existencia creado por una frecuencia artificial del tiempo nacida por culpa de la tecnología y alejamiento de las frecuencias naturales de evolución.

Argüelles, basado en la creencia de los mayas, creía en 2012 como una transmutación y un proceso de sincronización regido por energías galácticas.



La transmutación de la realidad


La energía es el combustible que alimenta la vida, y cuando las energías cósmicas cambian, se transmutan las pautas cósmicas que se reflejan en la realidad de la vida.

El Apocalipsis como revelación ya está sucediendo, porque una transmutación de la realidad es fruto de un cambio y evolución del universo como organismo del cual el ser humano es equivalente a una parte infinitesimal.

Nuestra reducida percepción de un macrocambio encierra como un fractal el proceso entero del universo, pero llevará tiempo comprender la información que se encierra en cada átomo, el nuevo paradigma registrado holográficamente como un paquete novedoso de información evolutiva de la cual deberemos obtener las instrucciones para construir al nuevo ser.

Una programación hiperespacial nos llega como una actualización del programa evolutivo de vida, el cual nos conduce un escalafón más arriba en el desafío por trascender el entendimiento de lo que es el Ser. No existe el Apocalipsis como fin, como una línea de culminación de la existencia, porque todo momento es en sí mismo un Apocalipsis.

Se trata de revelaciones que debemos descubrir corriendo el velo de la no-conciencia.

La muerte no existe como fin, porque muchas veces morimos y volvimos con un nuevo cuerpo y nuestro espíritu comprende que sigue vivo, sólo cambia su estado el ego que delimita su personalidad.

Al final del proceso deberemos redescubrir que ya somos Todo y que nunca dejamos de serlo porque Todo es Uno.

El problema es que estamos atrapados en el encantamiento de creer que la existencia finita –con su principio y final– es el Todo.

Nuestra ansiedad por no llegar nunca a experimentar ese final nos condujo a experimentar en todo cambio de existencia el temor al fin.

Tal vez en 2013 lograremos finalmente descubrir el mensaje 2012 que los mayas querían comunicarnos: que todo en el Universo es Uno manifestado en ciclos y que todo fin de ciclo representa el principio de otro, en un estadio superior en el desafío de lo que representa la existencia en evolución.

http://
www.elplanetaurbano.com/index.php/2012-03-02-08-41-59/planeta-x/item/419-21-de-diciembre-de-2012-el-d%C3%ADa-después-de-ma


MAS INFO: http://buenasiembra.com.ar/salud/meditacion/el-alto-conocimiento-espiritual-la-nueva-tierra-1202.html

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