lunes, 21 de noviembre de 2011

La Fuerza de la Meditación y la Oración.


El poder de la meditación y la oración



Por Marina Hynes / Secret China



A través de las edades, son abundantes las historias sobre las ventajas que ofrece la meditación – centrar la mente en algo fuera de nosotros mismos, en una mayor energía, en una conexión hacia el universo.

Pero hasta el día hoy nadie ha explicado realmente cómo funciona.


Andrew Newberg y su co-autor Robert Waldman hablan en su libro titulado “How God Changes Your Brain” (Cómo Dios cambia su cerebro), sobre cómo sin importar el sistema de creencias que se practique e incluso para los que se declaran ateos, existe un enorme beneficio al practicar una creencia.


Los autores señalan que dicho beneficio radica en los efectos relajantes que ofrece la meditación o una intensa oración tienen en nuestra mente.

La exploración en el cerebro muestra como una meditación intensa altera nuestra materia gris, consolidando las regiones del cerebro que centran la mente y fomentan la compasión, al mismo tiempo que calman aquellos relacionados con el miedo y la ira.


También afirman que no importa si la persona que medita cree en lo sobrenatural o es un ateo que repite un mantra -el resultado puede ser el mismo- un crecimiento de  la compasión que prácticamente cada religión enseña así como una disminución de los sentimientos y emociones negativas.


Newberg y Waldman del Centro para la Espiritualidad y la Mente de la  Universidad de Pensilvania, dicen que cada vez que pensamos en grandes cosas fuera de las ideas cotidianas y mundanas,  aumentamos nuestra capacidad cerebral y las facultades del cerebro. Mencionan también que no importa realmente la tendencia  religiosa, si se es: cristiano, judío, musulmán, hinduista, agnóstico o ateo.


El estudio se centra en el papel del cerebro en la creencia religiosa, y está comenzando a echar luz sobre lo que pasa en las mentes de aquellos creyentes al contemplar a Dios. [...] “Las dos fuerzas más poderosas de toda la historia de la humanidad han sido la religión y la ciencia,” Newberg señaló además: “Éstas son las dos cosas que nos ayudan a organizar nuestro mundo y a entenderlo.

¿Por qué no tratar de reunirlas – para redirigir en última instancia nuestro mundo de una manera más eficaz? No estoy diciendo que la religión sea mala o irreal.

Lo qué digo es que hay gente creyente, tratamos de entender como esto les afecta”.


Los ateos ven a menudo las imágenes, que el escáner muestra de  los flujos de sangre en los cerebros de los monjes o monjas en meditación, como una prueba de que la fe es una ilusión.

Newberg advierte en contra de las conclusiones simples: “Si usted ve un escáner del cerebro de una monja que percibe la presencia de Dios en una habitación, todo lo que se puede decir es lo que sucedió en su cerebro al percibir en la habitación la presencia de Dios.

“Puede ser que sólo el cerebro lo haga, pero quizás también puede ser que el cerebro sea el receptor del fenómeno espiritual”, dijo Newberg, cuya investigación demuestra que las oraciones breves que realizan la mayoría de los creyentes, dejan pocos rastros en el cerebro, debido a que no son tan intensas como la meditación.


Otra noción que Newberg echa por tierra es la idea de que hay un solo “punto de Dios” en el cerebro, el cual es responsable de la creencia religiosa.

“No es que hay un pequeño punto espiritual que se enciende cada vez que alguien piensa en Dios”.

Por el contrario, las experiencias religiosas encienden las neuronas en diversas partes del cerebro de igual manera que otros eventos lo hacen.

Su localización no lo explica, sólo es un indicador de cómo ocurren estos fenómenos y que pueden significar.


Newberg y Waldman bosquejan algunos de los  llamados “circuitos de Dios” y sus efectos en el cerebro, especialmente si se entrenan en la meditación, como los músculos mediante el ejercicio.

La meditación activa el lóbulo frontal, que “crea e integra todas las ideas acerca de Dios”, y calma a la amígdala; la región emocional que puede crear imágenes de una deidad autoritaria y que nubla nuestro pensamiento lógico.

El circuito parietal-frontal nos proporciona un sentido de espacio alrededor nuestro y nos ubica en él.


La meditación suprime este sentido, dando lugar a una sensación de serenidad, de unidad con Dios o con el mundo.

“Incluso de 10 a 15 minutos de meditación parecieran tener efectos perceptiblemente positivos sobre la cognición, la relajación y la salud psicológica”, los autores declaran en el libro: “Tan buenas como son nuestras técnicas, aún son increíblemente rudimentarias.

Tenemos mucho por hacer”.
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