domingo, 30 de enero de 2011

¿Existen los ángeles?

             
                                                                                              
Agar Garcia Arteaga
                                                                                                                                    
Para Francisco Toledo

Las creencias, como todo lo humano, están en constante evolución. El creer o no creer no implica la existencia o inexistencia de algo o alguien. ¿A cuántos hombres prominentes no ha matado el mismo ser humano por no creer en sus descubrimientos y mensajes? ¿Cuántos misterios quedan aún por resolver? El hombre ni siquiera ha llegado a conocerse a sí mismo, ni utiliza la totalidad de la capacidad de su cerebro.

¿Cuántos planos de existencia existen y cuántos podemos percibir? ¿Estamos solos en todo el vasto universo? ¡Somos tan limitados!
   
Desgraciadamente poseemos todavía mentes animales, demasiado animales, casi dominadas por completo por fuerzas químicas y eléctricas inherentes a nuestra naturaleza física. ¿Cuántos seres humanos pueden controlar su mente?
   
Esta mente humana, que es un ente energético que va más allá del cerebro material y que gira alrededor de un núcleo espiritual, nos hace diferentes al resto de los animales. Con esta mente podemos conocer cantidades, realidades, hechos, medidas, pesas, pero los valores los “sentimos”. El hecho de percibir significados  y  valores nos hace tener un mundo interior que va más allá de la mente material y es, precisamente esta vida interior, la que es realmente creadora y de donde nacen todos los avances de la civilización humana.

Todos los niños, con mentes normales, y desde que realizan su primera decisión moral,  poseen este fuego interno que los hace saber cuándo están haciendo bien y cuándo están actuando mal. Podrán engañar a los demás pero a sí mismos nunca. La relación que existe entre este espíritu de luz interno y la mente hace que nazca el alma y toda alma tiene ángeles que la custodian.
   
No podemos controlar completamente el mundo exterior, el medio ambiente, pero la creatividad del mundo interior está más sujeta a nuestra dirección. ¿Cómo podemos crear niños valiosos en un mundo lleno de prejuicios, temores, resentimientos, venganzas, intolerancia? Enseñándoles desde pequeños a confiar en su guía interna, en su luz interior. A autoconocerse, autoconquistarse y autocontrolarse. Que sepan que dentro de ellos está el poder de elegir entre la luz y la oscuridad, dirigir su creatividad hacia la luz.
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El potencial que tenemos para el bien o para el mal que es nuestro derecho a elegir, el libre albedrío, se acrecienta en las mentes de los creadores, lo cual genera gran incertidumbre y ansiedad. Es como vivir en guerra civil permanente, por eso decía el poeta: “Yo vivo en paz con los hombres y en guerra con mis entrañas.”
  
Se necesita un gran valor para conquistarse a sí mismo y trascender la naturaleza material animalística, se  puede sucumbir ante el autoorgullo al deificar a la propia autoconciencia.

Este dilema puede desembocar en la muerte, en el suicidio… Acaba de suicidarse un alumno y joven dramaturgo amigo del escritor Guillermo Fadanelli que estaba montando la novela Educar a los topos, lo cual hizo que Guillermo estuviera deprimido, muy deprimido casi una semana. El escritor Leonardo da Jandra, mi compañero, cuanto más leía más infeliz y orgulloso se volvía, llegò a tirar un libro que le regalaron que hablaba de àngeles;  hasta que enfermó de muerte.  No podía comer nada y estuvo seis meses a pan y agua hasta que al final tuvo que tomar su decisión: o cambiaba o dejaba de existir.

El cambio fue drástico, de devenir  de la nada hacia la nada, es ahora un ser con conciencia cósmica: viene del todo y va hacia el todo.
   
Los astrofísicos están ahora descubriendo un nuevo enfoque del universo, están viendo que todo está interconectado por líneas de energía que llaman cuerdas. Todo principio matemático y todo lo que pueda ser demostrado por las matemáticas tiene que existir, basta con encontrarlo.

Están viendo que el universo está diseñado para que el hombre exista y que todo tiene un diseño excelso; están llegando, por fin, a decir que “algo” con inteligencia creó todo este orden. Aún se resisten a llamarlo Dios, pero lo denominan primera fuente o centro.
  
Se puede, consciente o inconscientemente, colaborar con nuestra luz interna; el caso es que toda acción buena, bella y verdadera, independientemente del reconocimiento de nuestros semejantes, es eterna, indestructible. Como toda alma que nace a la luz.
   
La decisión está dentro de nosotros: el impulso de los ángeles opuesto a las emociones de un animal, el deseo de creer contaminado por los venenos del temor, los regocijos del vivir amenazado por los dolores de la muerte. Permitir que los ángeles y  ese espíritu de luz que habita en nuestro interior, luchen con nosotros para “sentir” el verdadero motivo y objetivo final de esta vida terrenal.

Luchar solos contra el inexorable fin de nuestra existencia, contra el paralizante temor de creer haber puesto la confianza en una fantasía o volvernos conscientes de que somos ciudadanos cósmicos y que las huestes celestiales, los ángeles, están con nosotros para llegar a ser uno con nuestra primera fuente y centro: Dios.

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