sábado, 31 de julio de 2010

El Imperio del dinero

Sacralizar el dinero -Armagedón en la Tierra 

Por Alicia Contursi

Seguimos diciendo que estamos viviendo el Armagedón y ya en plena batalla entre las dos formas de co-crear el mundo.

Ahora  la máxima presión se ejerce sobre el tema de los recursos naturales, los bienes de consumo y el dinero.

Damos unos pocos ejemplos:

-Gaia sangra en el Golfo de México (Lovelock dijo alguna vez que el petróleo es la sangre de Gaia). Todavía no está resuelto el problema.
-Los mercados financieros tiemblan- Europa hace ajustes económicos.
-En Argentina estamos pasando un crudísimo invierno y las garrafas de gas envasado (que usan las personas  menos pudientes que no tienen gas natural) cuadriplican su valor.  Se anuncia que se duplica el precio de gas natural y electricidad.
-Toda la columna  vertebral del planeta, es decir, Las Rocallosas y los Andes se ha vuelto zona incierta y al decir de algunos expertos del cono Sur  “estamos sobre una cáscara de huevo”
 
Retomo un párrafo del artículo Armagedón en la Tierra:

“La Batalla está aquí y ahora.  No es una guerra con espadas o armas de fuego. Es el enfrentamiento de dos formas de co-crear el mundo: la vieja, doliente y caduca y la nueva: unión en la diversidad, cooperación, paz, amor y justicia en la Tierra.”
La primera está ligada a la destrucción y las catástrofes.
La segunda a la plena manifestación del espíritu en la Tierra.

El Imperio del dinero


El tema es que la antigua forma de co-crear el mundo descansa sobre el imperio del dinero.  Es un imperio porque el dinero manda en todos los asuntos sociales, culturales y cotidianos y porque la gran mayoría de la gente, consciente o inconscientemente, lo adora. Algunos lo tienen como su único Dios.

Es el sistema en el que todos nos hayamos inmersos, aunque tratemos de escapar.  Siempre hubo ricos y pobres, gente con mayor cantidad de riquezas que otros, pero estamos ante un hecho históricamente novedoso y a la vez preocupante:

a) Según informes de especialistas, apenas un 1% ó 2 % de la humanidad concentra el 90% de los bienes totales. 

b) El 50% de la población mundial es indigente.

c) Unas 300 familias mueven económicamente al mundo entero y conforman la cúspide de una pirámide que se asienta en todos los países.

d) Los hilos ocultos de la política, la economía mundial, la información y la salud pública se mueven desde esos estratos. 

e) El dinero -bien de cambio- vale por sí mismo y se ha separado del trabajo. 
Mayor o mejor trabajo no significan mayor dinero. 
 

El dinero impera y es adorado, deificado


La mentalidad consumista nos crea falsas necesidades, competencias y apetencias desmedidas. Un ejemplo lo tuvimos con el reciente Mundial de Fútbol: mientras los comercios de artículos electrónicos anunciaban incitando a verlo en un televisor con pantalla de plasma (de 2000 a 5000 dólares en 50 cuotas) hay muchos que no tienen qué darle a sus hijos antes de mandarlos a la escuela.
 
En mis épocas de Catedrática de Filosofía en la Universidad Del Salvador, en Buenos Aires (Universidad de los Padres Jesuítas) examinaba  –entre otros- el pensamiento marxista. Lo negaba.

No podía aceptar que “la estructura de la sociedad es lo económico y sobre ello hay una superestructura cultural.” Prefería a Hegel y su Filosofía (Fenomenología) del Espíritu como síntesis de la Idea y la Materia: una Idea Primordial que se opone,  se “ex -traña” volviéndose Materia y juntos devienen o se vuelven Espíritu. Tesis – Antitesis y Síntesis. Trato de decir en palabras sencillas lo que en los textos filosóficos puede ser de difícil acceso para el que no tiene la “gimnasia intelectual” necesaria para entenderlos.

Hoy sigo pensando que Hegel tenía razón, pero también veo que el análisis marxista responde a la realidad de lo que ha devenido el mundo. El dinero mueve todo y es la estructura oculta de toda vida de interrelación de lo que llamamos mundo moderno. Ya no hay, como en tiempos de Marx un “capitalismo” simple. Estamos ante el juego de un imperialismo capitalista mundial.

Ese 50% de personas que pueblan el mundo,  indigentes,  no tienen ni camas ni mesas ni ropa ni comida ni agua potable, servicios sanitarios,  salud, ni educación.
Están fuera del sistema imperante. Del sistema monetario.
 
Podemos estar en el sistema sin estar demasiado en él (valga la expresión) por nuestra vida interior, nuestras vivencias y experiencias espirituales.

Pero no podemos dejarlo totalmente. Nos vestimos, calzamos, consumimos alimentos que compramos en los negocios…
Todo reposa sobre el dinero. Dejar de tenerlo en la actualidad nos significaría ir a vivir al medio del descampado o de la montaña, como un eremita.

Las dos salidas


Si bien en una lectura de los tiempos podemos aceptar que Marx tenía razón, nos apartamos totalmente de sus teorías cuando tratamos de encontrar las formas de cambiar dicha realidad.

El marxismo propone la Revolución de los proletarios. Que la clase trabajadora tome el poder y los medios de producción sean comunitarios.
Esa Revolución se produce como una reacción por darse cuenta que están siendo “enajenados”, es decir, que unos pocos se apropian del fruto del trabajo y se quedan con la ganancia (“plus valía”) Estas ideas se aplicaron de formas distintas en la Unión Soviética y en Cuba. Están latentes y se perfilan en otros gobiernos que no es el caso discutir aquí.  Sí decir que esas  medidas se imponen por la fuerza, en el mejor de los casos como un paternalismo político.
 
Nosotros proponemos como salida y cambio del mundo el crecimiento de la conciencia en un camino de espiritualidad y la evolución en el Amor.
 

Queda por contestar qué lugar ocupará el dinero.
Hay alguna profecía por allí que anuncia su desaparición…
Pienso que si simplemente desaparece, en poco tiempo algo inventará el ser humano para reemplazarlo.  No pasa por ahí la solución. Hay que cambiar la actitud y la conciencia en relación con el dinero.  Es más:

Lo que hay que cambiar es nuestra relación con el dinero.
Hay que sacralizarlo.

En la nueva conciencia, hay que sacralizar todo: las relaciones humanas, el trabajo, el dinero, el sexo, la vinculación con la Tierra, con los animales y plantas. 
En este artículo nos estamos ocupando sólo del dinero y la estructura económica. 
 

Algo de historia personal


Me voy a permitir contar algo de mi historia personal y cómo me fui definiendo en estos temas. El momento más importante fue en los años sesenta, cuando tuve que elegir si para lograr una justicia social como se desprendía de la Doctrina Cristiana y siguiendo las enseñanzas de Jesús iba a militar o no en los grupos revolucionarios.  Era la disyuntiva en ese momento. El Che era admirado: había dejado la comodidad de su ambiente natal adinerado y su profesión de médico para luchar derrocando gobiernos imperialistas.

Conocí personalmente a algunos  que en muy corto tiempo se convirtieron en guerrilleros.  Nadie sabía en qué desmanes iba a terminar todo, ni que con los años los “guerrilleros” se convertirían en banqueros y surgiría aquello de “para ser político hay que ser millonario”.
 
En aquel momento comprendí que la revolución que pueda llevar a la justicia social no puede ser impuesta. Es una cuestión de despertar y evolución de la conciencia. Que tiene que ser desde el espíritu que somos.
 
Inspirada y siguiendo mi destino espiritual, en aquel entonces decidí desvincularme de la política y de la acción política.  La violencia genera violencia. La lucha armada por cambiar el mundo era una “contradictio in terminis” (contradicción en sí misma)- No puedo buscando la Paz hacer la guerra. No puedo para lograr Justicia Social cometer desmanes o matar. La Ética personal exige autenticidad y coherencia con uno mismo.
 
Elegí trabajar en educación, para el cambio de las conciencias. Por lo que enseñaba, estuve a punto de ser una más de los desaparecidos a fines de los 70, en pleno Proceso Militar.  Me salvó una fuerza divina que se manifestó en “casualidades”. 

¿Qué era lo que enseñaba?: la dignidad humana, el respeto por la opinión de los otros, la justicia social, el Bien Común, la auténtica espiritualidad que tiene que ver la llegada del Espíritu Santo a la Tierra

Libre pensadora por mi formación, donde había aprendido a razonar por mí misma en búsqueda de una auténtica libertad,  me despojé de todo tipo de dogmatismo. Primero el de la Santa Madre Iglesia, en el cual me había formado y también experimentado en sus profundas contradicciones y falsedades.  Segundo del dogmatismo marxista- revolucionario y cualquier otro dogmatismo de acción política. Nadie me iba a “bajar línea”.
 
Poco después de este punto crucial en mi existencia, me encontré con la Filosofía Oculta y la Tradición Occidental, las doctrinas Orientales, la Sagrada Kabbalah, el incipiente mentalismo de Control Mental, la Astrología, el Tarot  y el pensamiento junguiano.

Pero seguía sin resolver el tema del dinero. No lograba vivenciar aquello de “busca el Reino de los Cielos y lo demás se te dará como añadidura”
 
Tuvieron que pasar varios años y llegar a los 90. Allí  me encontré con la Diosa y la Espiritualidad Femenina, con el goce de la Tierra, sin que fuese un “valles de lágrimas”. Supe que somos espíritus encarnados y es tan sagrado el cuerpo como el alma. Con Hegel había aprendido que somos Dios o chispas divinas. Ahora vivenciaba la divinidad de la materia.

Allí comprendí que hay que sacralizar al dinero y vivir en abundancia.

Sacralizar el dinero


Debemos pasar, pienso, de una sociedad que vive esclava del dinero porque lo idolatra y depende de él  a una sociedad que lo sacraliza.

Es también la disyuntiva actual: o me somete la sociedad por medio del manejo esclavizante del dinero o vivo desde mi dignidad de humano-divino, co-creando mi circunstancias en amor y abundancia.
 
La distinción es clara:
el punto es dónde está el poder, si en el dinero o en el ser humano. Si el poder está en el dinero, el hombre o la mujer son esclavos y están dependientes y sometidos. Si el poder está en el ser humano (conciente de su divinidad), el dinero se vuelve un medio excelente para el logro de los objetivos supremos. 

Falta subrayar  que el poder del ser humano es reconocer su esencia divina y capacidad de volver divino o sacralizar todo lo que hace.  Sagrado se opone a profano. Pero lo pro-fano es etimológicamente lo que está próximo (pro) a la manifestación (fano-fanía) de esa divinidad. 

La cristalización de la Kundalini


Alta La Dage (escritora cabalista junguiana) sostiene que el dinero es Kundalini cristalizada.
Vamos a tratar de entenderlo y para eso volveremos a Marx, su idea de la energía del trabajo y sus bienes de uso y bienes de cambio y veremos la distinción entre energía primaria y secundaria.

Lo que dice Marx


Marx en sus “Manuscritos económico filosóficos” analiza cómo el ser humano se proyecta en su trabajo y en el fruto de su trabajo. Si es dueño de lo que produce, es libre. Si otro es el dueño, el trabajo está “enajenado”, es decir se ha vuelto ajeno, extraño a él.

Veamos un ejemplo muy simple: un alfarero que modela una vasija. Pone su energía, su intencionalidad, su capacidad hacedora. La vasija es el fruto de su trabajo, su obra. Le pertenece. Ha creado un “bien de uso”. Puede cocinar o servir alimentos en ella. También puede intercambiarla por otro objeto.

Si está trabajando para otro, su “patrón” se queda con el fruto de su trabajo.

Quedémonos con el primer caso (el trabajador es dueño del fruto de su trabajo.) Pensemos en la economía más rudimentaria: deberá  intercambiar  o hacer un trueque de ese bien de uso con otros bienes de uso creados por otros hombres o mujeres: calzado, vestidos, etc.
Para simplificar el trueque sabemos que en épocas prehistóricas se recurría a un bien de uso universalmente requerido: la sal.  (De allí derivó después la palabra salario)

Del trueque primitivo se pasó al bien de cambio, es decir primero la bolsa de sal y luego la moneda de plata o de oro que luego fue reemplazada por el papel moneda o dinero. Hoy en día los billetes; dólares, euros, pesos, etc. Y aún más: el “plástico”, las tarjetas de debito o crédito y el monstruoso dinero electrónico.
El bien de cambio representa al bien de uso que es la energía de trabajo concretada en un objeto.
 
Es decir y volviendo a lo nuestro, el dinero es energía porque representa al fruto del trabajo del ser humano. Por eso es Kundalini cristalizada. La Kundalini de la Humanidad. Representa el trabajo o energía de todos los hombres y mujeres trabajadores.  El circulante no tiene nombre y está abierto el juego de la apropiación. La apropiación es también de esa energía cristalizada que está dando vueltas-

Nos enseñaban de chicos que no “hay nada más sucio que el dinero, porque pasa por muchas manos” Es mucho más sucio que los gérmenes que puede transmitir porque está siendo manejado para el sometimiento de las conciencias.

El flujo de dinero como energía secundaria


La energía primaria es la de los seres vivientes y  la natural  de la Madre Tierra.
Las relaciones de producción generan una energía secundaria cuyo principal agente es el dinero como bien de cambio.

En esta enorme, inmensa enajenación del trabajo que vivimos universalmente con esa pirámide de bienes de la que hablábamos al principio, aparecen: Bolsas de Comercio, especulaciones, Mesas de Dinero, Financieras, Deudas Externas y la forma más extrema de la enajenación económica que es el dinero digital. No existe en el mundo material. Es sólo virtual.
Todo es un enorme globo creado para la conveniencia de unos poquísimos y la pobreza del resto. Esa es la energía que nos esclaviza.

 Cómo sacralizar el dinero


Para salir de ese imperio hay que volverse para adentro.
Dejar el mundo externo y trabajar en lo interior.
 
Desde nuestro corazón recordar que:

1) Somos espíritus encarnados. Debemos vivir en abundancia. Nuestra energía es sagrada. Nuestro trabajo y el fruto de nuestro trabajo también lo son. Hay que sacralizar lo cotidiano.
Las mujeres  sabemos lo que significa sacralizar lo cotidiano.

Cuando realizamos las tareas de la casa,  preparamos la comida,  atendemos a los chicos, cuidamos los animalitos y las plantas todo en amor, cumpliendo con las obligaciones como si fueran devociones, allí estamos sacralizando. Y ese trabajo no es remunerado con dinero.

Lo saben también los intelectuales, los músicos y los artistas en general cuando cumplen sus trabajos por amor a lo que hacen.
Si reciben remuneración monetaria ese dinero es sagrado porque representa el fruto de su energía divina.

Personalmente cuando doy una clase, un Curso, interpreto una Carta Astral,  hago una lectura de Tarot o recomiendo una fórmula de Esencias Florales, empleo mi energía divina y el dinero que me vuelve es tan sagrado como ella. Son tareas profesionales con actitud de servicio y en Amor.
 
2) Cuando entrego mi energía sagrada debe volverme una retribución (en dinero o en trueque) porque si no es así, genero una deuda kármica, justamente porque hay una energía en juego. De igual modo cuando recibo la energía sagrada de mi hermano o hermana, trátese de quien me ayuda en los quehaceres domésticos, el electricista o el técnico de computación o quien me está enseñando una técnica de sanación espiritual, debo retribuirle, porque si no, genero karma negativo.
 
3) Mientras más energía empleo,  más o mejor retribución me llegará si soy conciente que estamos hablando de una fuerza divina. Esto sea cual sea mi trabajo, independiente, en relación de dependencia o profesional.
 
4) Aquí viene lo más difícil. Debo ser impecable en el manejo de esa sagrada energía. No generar deudas. Ni siquiera la más mínima. “Pagar mi pan y ni vino”
No dilapidarla ni mezquinarla y emplearla en justicia, a mi leal saber y entender. No entrar en componendas ni corrupciones. Buscarla como medio para realizar en la vida y no como fin para aumentar mi ego y posesiones.
La impecabilidad es difícil y se nos presenta el desafío a diario. En una sociedad corrupta como en la que estamos,  se nos plantean continuas elecciones y lo que vamos decidiendo nos hace crecer o retroceder en nuestro camino de realización espiritual.
 
En el mes pasado vivimos en la Red Luz Argentina un fenómeno poco común. A partir de un mensaje de una querida persona que publicitó un Taller diciendo que había recibido un código de sanación, se desato una discusión sobre si las enseñanzas espirituales se debían cobrar o no. Nunca había sucedido: una seguidilla de mensajes opinando sobre el tema, a favor o en contra. Los difundimos a todos y respetamos todas las posiciones. Es evidente que el dinero es muy movilizador.

Una última reflexión


Vuelvo al principio: en este Armagedón que estamos protagonizando el sistema nos encierra y nos presiona utilizando su arma más poderosa que es justamente el dinero. 
En la consulta me ha tocado atender en estos días a una joven llorando porque le pagan menos de lo pactado, gente a quienes le aumentan las horas de trabajo por la misma remuneración o trabajadores independientes a quienes les ha desaparecido literalmente la clientela, amas de casa asustadas por el aumento de los precios.
Es muy común que atravesemos situaciones apremiantes o que hayan cambiado las condiciones económicas a las que estábamos acostumbrados.
Todo eso responde a la vieja forma de co-creación del mundo. Generar miedo e inseguridad.
 
La co-creación de la nueva conciencia es  en abundancia y prosperidad. Sin miedos, sacralizando la energía del dinero, cada uno puede decir “mi energía divina que brindo al mundo atrae la remuneración justa”. “Tengo todo lo que necesito”. “Hago fluir, recibiendo y dando en un giro cada vez mayor”.
Esa es la forma de estar en el mundo sin pertenecer a él, como enseñó Jesús.

Dicen que del modo en que manejamos nuestra energía personal –con generosidad o mezquindad, altruismo o egoísmo- también manejamos nuestro dinero. También dicen que la amplitud de nuestra conciencia tiene directa relación con la amplitud de la cantidad del dinero que manejamos, para bien o para mal.
 

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