domingo, 7 de agosto de 2011

John Mack , Las Abducciones ET

Abducciones ET
1ra Parte
Dr. John Mack.
Este artículo está dedicado a la memoria del r. John Mack
(1929 - 2004)

La investigación del profesor John Mack sobre los humanos presuntamente abducidos y sometidos a análisis por seres extraterrestres, en una clase magistral con tesis, opinión y ejemplos.


Luminaria de Harvard, Mack presentó en Praga su tesis sobre el fenómeno OVNI y su significado en la expansión de la conciencia humana en una conferencia de la Asociación Internacional Transpersonal.

Durante la conferencia, mencionó que los secuestrados habían sufrido desórdenes postraumáticos de estrés. ¿Cuál sería la causa? “El fervor humano arraiga en la necesidad de dominar la naturaleza para no ser esclavos de ella”, explicó Mack. “El resultado es un planeta semimuerto, porque la única manera de controlar la Tierra es apoderamos de ella, lo que ya hemos hecho en gran parte.

Pero hay un punto en el cual ese dominio comienza a excederse, lo que está sucediendo ahora a través de estos primeros encuentros con lo desconocido, que empiezan a desafiar no sólo el hecho sino también la misma concepción del dominio”.


En Praga, Mack calificó a esa concepción del mundo como “la suprema arrogancia de nuestra especie, un monumental desafío a la divinidad. Además, hemos cortado nuestros vínculos con la naturaleza, e incluso con nuestros semejantes”.


Dave Pritchard, el otro copresidente de la conferencia, afirma que los norteamericanos que juran haber sido secuestrados por entidades ET es de más de 900.000, señalando que las estimaciones varían “desde pocos centenares de miles hasta tres millones de personas”, e insiste en que “uno de los aspectos más importantes es tener en cuenta el factor de desencadenamiento psíquico”.

Mack agrega: “Al responder a las encuestas, mucha gente asegura no haber pasado por ese tipo de experiencias, y sin embargo la misma entrevista despierta algún recuerdo, o leen un artículo, o me oyen a mí, a Budd Hopkins o algún otro por radio o televisión, y entonces saltan: ‘¡Ah, sí! ¡Eso es lo que me pasó a mí!’, y recuerdan. Sólo en los Estados Unidos, quizá más de un millón de individuos creen haber sido raptados”.


Ejemplos de este tipo: el de una niña de ocho años, hija de una víctima de secuestro, es despertada por algo que la perturba a las cuatro o cinco de la madrugada, siente que algo le ha sucedido, se levanta y va en busca de su madre, y ésta no se encuentra en su dormitorio. El padre sí. Las cobijas de la cama, del lado donde dormía la mamá, no parecen haber sido levantadas, pero la mujer no está. “Esa madre me dijo”, cuenta Mack, “que había sido abducida en el mismo momento en que su hija sintió su falta. ¡Y no se trata sólo de una salida del cuerpo, sino de una salida de la casa!”.


Un ejemplo de este tipo de secuestro sería el de Keith Basterfield, que contó cómo, estando aparentemente inconsciente, fue llevada al interior de una nave ET por una entidad que le había hecho señas desde el exterior de su auto, y que después apareció con ella en la sala redonda, sin puertas ni ventanas, del interior de una nave.


Mack investiga la prueba física como un fenómeno confirmatorio. Si alguien emerge de una experiencia con una herida o con la marca de que le han sacado una muestra de carne o cualquier otra señal física, eso tiende a darle al fenómeno cierta confirmación de que algo ha sucedido.


Paul Horowitz dijo, al fin de la conferencia de Praga, que él no aceptará la existencia de los ET “hasta que no se le caiga el encendedor a alguno de ellos”, Mack sonríe y agrega: “Ese tipo de argumentación puramente física se desentiende de toda la potencia del fenómeno”.


Pero, ¿la demanda de pruebas concretas es una exigencia fuera de lugar? Mack responde: “No, no digo que sea una demanda irrelevante. Si un Budd Hopkins o un David Pritchard o cualquier patólogo de heridas demostrara que ellas cierran de modo no común para la medicina occidental, el hecho es muy importante. Pero mi aporte no se dirige en ese sentido.

Veamos un caso mío: un hombre se despierta tras un secuestro con un tajo de diez centímetros en la pierna, y le llega hasta el hueso. Piensa ir al médico, pero la pierna se le cura el mismo día. Bien, uno podría decir: ‘Quizás esté mintiendo’. ¡Pero hace cuarenta años que estoy en psiquiatría y en psiquiatría forense! ¡Mi trabajo consiste en saber cuándo alguien me engaña o miente, o qué motivo tiene para decir lo que dice!”.

SECUESTRADOS POR OVNIS


¿Qué convenció a Mack para considerar seriamente estos fenómenos?

“Un caso detrás de otro, y siempre personas tímidas y reticentes a contar su experiencia, que quieren defender su integridad, que están preocupadas porque algo perturbador se haya hundido en su conciencia, y que al fin reúnen el coraje necesario para hablar”.




Mack confía en la sinceridad de esa gente y señala que su segregación se redujo en 1994-95, a medida que más abducidos hablaron públicamente como consecuencia de una mayor cobertura periodística del fenómeno.

Pero antes de que la prensa lo divulgara, numerosos individuos sin el menor contacto entre sí y que no habían tenido acceso a los relatos ajenos hicieron descripciones con detalles muy semejantes. “Por lo tanto no hay embuste: la noción está en la naturaleza de esas personas”, dice Mack, que durante treinta y seis años de psiquiatría no encontró nada que pueda explicarle esa comunión mental. “Es siempre gente realista que, al ser presionada por mí, responde: ‘Doctor, quisiera que no fuera cierto, que usted me sacara esto de la cabeza, porque destruye todo lo que he creído hasta hoy’ ”, asegura Mack. “Y cuando se profundiza esa vivencia con ayuda de la hipnosis, surgen siempre fuertes resistencias emocionales: pesadillas, alteraciones psicosomáticas, desconfianza y terror.

Esas personas quedan con miedo a que el fenómeno se repita y desarrollan fobias a las agujas de inyecciones, por ejemplo”.


El hipnólogo John Carpenter cuenta el caso de una mujer que, siendo niña, desarrolló una rara fobia contra sus muñecas: decía que de noche se movían solas. Bajo regresión hipnótica, ella recordó haber estado “en otro tiempo, a bordo de un OVNI, con niños híbridos”.

Pero, despierta, la paciente de Carpenter no sabía qué eran “niños híbridos”. Mack subraya que “al revivir hipnóticamente la experiencia, esas personas literalmente tiemblan y aullan de terror. Que yo sepa, ninguna otra situación puede producir ese tipo de reacción emocional”.


Pero, ¿qué le han hecho a estas personas? ¿Cuál fue el origen de sus traumas? Mack revisa todas las posibilidades. ¿Fue una violación? ¿Algún olvidado abuso infantil? ¿Trató alguien de asfixiarlos? ¿Intentaron asesinarlos sus padres cuando eran bebés? Explica Mack: “Hasta donde yo sé, ningún caso investigado por mí o Budd o Dave o Carpenter presentó jamás estos traumas, que explicarían tal estado emocional.

Y allí está el meollo del asunto. No es que todas las descripciones sean idénticas: hay variaciones. Las naves pueden diferir en su tamaño, cambiar la naturaleza del instrumental, variar el aspecto del médico ET, etcétera. Pero la estructura básica es notablemente sólida”.


Es importante volver a señalar que esas experiencias quedaron fijadas en la mente de cada paciente antes de la actual obsesión periodística sobre el tema. Ahora podría argumentarse que todo sale por el programa televisivo Intrusos, pero no era así en los ’70 y ’80, cuando estos fenómenos fueron descriptos por primera vez.


Un punto clave es la ausencia de anomalías mentales que explicarían las fabulosas narraciones. En su informe “El fenómeno de los secuestros”, Mack observó: “Ninguno de los secuestrados con quienes trabajé demostró tener psicopatologías evidentes como psicosis esquizofrénica, depresiones severas u otras importantes perturbaciones psíquicas que pudieran explicar los relatos como manifestación exterior de una determinada alteración mental”.


Entre los investigados por Mack hubo un dueño de restaurante, dos músicos, varias secretarias, un escritor, un guardia penitenciario, algunos estudiantes universitarios y varias amas de casa.

Algunos se veían recelosos, dando la impresión de haber sido víctimas de una agresión, y la mayoría lucía agobiada, con su vida perturbada por el secuestro. En algunas otras narraciones, la sexualidad y la decisión de tener o no hijos parecían haber sido muy afectadas por la experiencia.

METODOLOGÍA PSICOANALÍTICA


“El Informe Preliminar” de Mack contiene interesantes tests realizados a los abducidos por la psicóloga Elizabeth Slater, cuyas conclusiones nacieron durante un ensayo de 1983, cuando Slater sometió a nueve personas elegidas por Budd Hopkins a la WAISR (Escala Weschler de inteligencia adulta), a la BVMG (Percepción visual motriz de Bender), al Test de Rorschach y al TAT (Test de apreciación de temas). Y lo más importante: a Slater no se le dijo que esos sujetos habían sido secuestrados. Slater observó que ellos tenían una inteligencia superior al promedio o revelaban “una vida interior notablemente rica”, y que se encontraban “en lucha continua por dominar y mantener bajo control sus impulsos”.


Observó también cierto grado de perturbación de la identidad (especialmente confusiones sexuales), descenso de la autoestima, egocentrismo y/o falta de madurez emocional, y menores pero frecuentes “fallas de límites” en el dibujo de figuras.

Una de esas personas, concretamente, habló de “una sensación de pequeñez” y de sentirse “víctima frente a fuerzas exteriores abrumadoras”. Y se multiplicaban, según la psicóloga, los atributos coincidentes: “Aguda atención a los detalles, prudencia extrema y continua disposición hacia la desconfianza”.

Cuando se le dijo a Slater que las nueve personas creían haber sido secuestradas por OVNIs, la profesional revisó su informe considerando el nuevo punto de vista. “La primera y más crítica cuestión”, observó, “es establecer si lo relatado por estas personas puede ser explicado sobre la base de la psicopatología, es decir, de desórdenes mentales. La respuesta es un rotundo NO”.

Slater consideró además el posible impacto de esos secuestros sobre las personas estudiadas: “Una experiencia inesperada, azarosa y literalmente propia de otros mundos como un secuestro por OVNIs, durante la cual la persona pierde todo control sobre lo que sucede, provee un trauma de grandes proporciones”, además del “estigma social” y el rótulo de “alienados” que las víctimas iban a encontrar.

Elizabeth Slater concluyó que los problemas interpersonales, el sentido de la identidad turbado, las dificultades para mantener su imagen corporal, los desórdenes emocionales, la ansiedad y los recelos eran “el resultado lógico de la naturaleza agresiva e invasora de las experiencias con OVNIs” que habían narrado.

En 1991, Slater misma dijo que ella se había considerado hasta entonces “una persona bien plantada en la realidad”, pero que ese estudio le había “ampliado el campo de la ignorancia”, llevándola a rehacer su noción del mundo y la vida.

Ella había visto en los pacientes, por ejemplo, cicatrices y extrañas incisiones a las que no pudo encontrar explicación.


Un aspecto extra impresiona a John Mack: “Los detalles comprobables que acompañan a la observación y el aterrizaje de OVNIs, como cambios en las características químicas del suelo, están entre lo más interesante y contundente del fenómeno.

Esas manifestaciones físicas aterrorizan a veces a los secuestrados, que no quieren creer que sus experiencias sean reales”.


Algo pasa, y luego esas personas despiertan acostadas bajo sus camas, o recostadas sobre las cobijas, o en otra habitación de sus casas, e incluso fuera de ellas. Otras veces se sorprenden al encontrarse total o parcialmente vestidas, o sin ropas, o con las prendas cuidadosamente dobladas al lado, o hasta cambiadas por la ropa de algún otro.

Otra manifestación común es conducir un automóvil y de pronto estar a kilómetros de distancia del lugar por el que se viajaba apenas un segundo antes.


Para Mack, “la pista física más perturbadora y huidiza de todas está en los informes sobre robos de fetos”. Pero, según él mismo y John Miller observaron, si bien se ha hablado de “muchas eliminaciones de fetos”, ninguna ha sido documentada.

LOS HOMBRECITOS DEL CIELO


En ciertos casos, habría una asociación con los OVNIs: cuando la persona atraviesa su fase de abducción, sus vecinos verían OVNIs en la zona. Esos testigos pueden ser allegados al secuestrado o gente a quien la víctima ni siquiera conoce.

Un buen ejemplo es el secuestro de Linda Cortile de su departamento en un piso doce de Manhattan, por un OVNI que aguardaba afuera: el episodio fue presenciado por un alto diplomático y dos agentes de seguridad que lo acompañaban, además de una anciana que cruzaba el puente de Brooklyn.


El último y quizá más impactante e inexplicable aspecto del fenómeno sería su conexión con niños muy pequeños (algunos de apenas dos años), que informan en su media lengua cómo algunos “hombrecitos” los llevan “al cielo”, o les “clavan algo” en sus cuerpitos, o les “pican” la nariz.

Estas denuncias, así formuladas por niños de corta edad, tendrían un gran valor científico “porque ellos no pueden haber sido demasiado influenciados por comentarios de los medios o narraciones de padres o amigos”, subraya Mack.



Un caso investigado por él: Jill y Mike Ward encontraron a su hijo Ned (tres años), cuando tenía dieciocho meses, con su manta totalmente embarullada, como era habitual.

Estaba acostado sobre las cobijas y por lo tanto mamá Jill no pudo estirarle la frazada. “En la siguiente visita que le hice esa misma noche, encontré que la mantita estaba perfectamente estirada sobre él, que seguía dormido”, cuenta Jill.

Cuando Ned ya tenía dos años, Jill lo vio hablándole a la cara del ET que aparece en la tapa de Comunión (obra de Whitley Strieber), besando ese rostro y llamándolo “Pi”. Ned le dijo a su mamá: “Vuelo por el cielo... a la nave espacial”.

Preguntado sobre quién estaba en la nave, Ned respondió: “Un hombre... cito”. Seis semanas más tarde, su hermanita mayor, entonces de siete años, apareció en el dormitorio de los padres a las cinco de la madrugada para decirles que Ned había ido a verla con la cara llena de sangre en la nariz.

También apareció sangre en la funda de la almohada, y una incisión en la nuca de Ned. Cuando Jill le preguntó si alguien había estado en su habitación, el niño respondió: “El hombrecito. Entró por la ventana, mordió mi nariz”.

A los dos años y siete meses, Mack lo entrevistó y le pidió que identificara las tarjetas del HIRT (Test de reconocimiento de imágenes de Hopkins), que incluye diez diseños de Budd Hopkins para indagar secuestros en niños pequeños. Se trata de diez dibujos grandes, hechos con tinta negra, que reproducen rostros familiares a los pequeños: un varón, una nena, Papá Noel, un vigilante, un payaso, Batman, una Tortuga Ninja, una bruja, un esqueleto y un típico ET.

Muy vivaz, Ned identificó correctamente cada una de las tarjetas, y al ver la del extraterrestre dijo: “Lo escribí en el pizarrón”. Jill explicó que había “un garabato como ése” en el pizarrón de Ned.


Mack preguntó al niño si alguna vez había visto a ese ET. “Yo abro puerta, entra nave espacial”, contestó él, y agregó: “Era de ese hombre, nave de ese hombre”.


Después de distraerlo hablándole de los personajes representados en las otras figuras, Mack insistió con la tarjeta del ET: “¿Te gusta él?”. “No”, contestó Ned. “¿Qué hace?”, preguntó Mack. “¿Es simpático o te asusta?”.


Ned: “Me asusta”. Mack: “¿Algunas veces entra en tu cuarto?”. Ned: “Sí. Yo tengo espada grande, lo echo de la pieza (se excita al evocar la lucha). Tengo mi mantita... Pongo dedo en la boca. Me cansé”. Mack: “¿Te cansas cuando él aparece?”. Ned: “¡Sí! El tipo abre ventana, no la puedo cerrar más”. Ned se trepó a la falda de su madre. “Hombre entró en mi pieza, hombre pone linterna grande en mis ojos. Me lastimó acá”, dijo, tocándose el cuello. “No quiero llorar, ahora estoy mejor”.


Cualquier explicación convencional del fenómeno debería dar respuesta a lo que Mack llama “todo el paquete”:

  • La credibilidad y naturaleza del secuestrado.
  • La intensidad emocional de sus recuerdos con una indicación de trauma.
  • La coherencia narrativa.
  • La ausencia de cualquier enfermedad mental comprobada.
  • La prueba material confirmatoria.
  • La asociación del fenómeno con OVNIs.
  • Los informes de secuestros relatados por niños.

“Ninguna persona escéptica o cuestionadora ha podido aportar una teoría que explique este síndrome relacionándolo con una causa convencional”, dice Mack. “Ahora bien, esto no significa que el fenómeno sea extraterrestre.

La idea de ‘extraterrestre’ implica que el fenómeno no se origina en nuestro mundo, pero está allí físicamente. Hay quienes dicen: ‘Bien, quizá provenga de otra dimensión del espacio-tiempo’, o también: ‘Tal vez esos seres pueden desplazarse a través de la galaxia’.

Pero ése no es un terreno sobre el cual yo me considere capacitado. El único aspecto al que presto toda mi atención es exactamente el de los testimonios que me permiten asegurar que algo raro sucede y afecta especialmente a cierta gente, y que yo no puedo explicarlo según las leyes de la realidad.”

LAWRENCE DE ARABIA & OVNIS


Cuando se realiza el trabajo clínico para descubrir lo que está escondido ahí, se accede al recuerdo de lo que sucedió y el paciente puede, al principio, encontrar monstruos de pesadilla en lugar del hombre que la violó, por ejemplo. Y poco a poco se llegará a diversas distorsiones del trauma, muchas ligadas a reales agresiones olvidadas. Los abducidos muestran mecanismos de disociación, sin duda.

El solo hecho de que para recuperar los recuerdos se necesite emplear la hipnosis ya está definiendo que esas personas se defienden a través de un bloqueo y una disociación. Si así no fuera, se podría simplemente conversar con ellas y listo. Pero si hay un bloqueo, ¿dónde nace?


Mack cuenta que en los ’60, cuando inició la investigación para su biografía psicoanalítica de T. E. Lawrence (trabajo que le valió un premio Pulitzer), la reputación del carismático Lawrence de Arabia era la de “un histrión, un Rodolfo Valentino que cruzaba las arenas del desierto con sus vestiduras al viento, una leyenda. Y sin embargo la razón desmitificadora existía en esos días frente a Lawrence, tanto como existe ahora frente al tema de los OVNIs y los secuestros por extraterrestres”.


Mack explica: “Liddell Hart, uno de los primeros biógrafos de T. E. Lawrence, sostuvo que era posible medir científicamente cómo la gente consideraba a Lawrence basándose en el grado de conocimiento que de él tenían. Los que se habían formado una opinión de Lawrence en base a chismes tendían a desmitificarlo, pero a medida que profundizaban en su obra tendían a respetarlo. La tesis de Hart sigue valiendo en nuestro caso.

Durante los diez años que investigué sobre T. E. Lawrence, jamás encontré a nadie que realmente supiera lo que había dicho y hecho, aunque tuviera una altísima opinión de él. Bien, eso mismo pasa ahora con este fenómeno de los secuestros”.


“Los que hoy dicen: ‘¡Pobre Mack! ¿Qué bicho le habrá picado?’, son como aquellos de Lawrence: no estudiaron el material disponible. Sonará fatuo, pero ya no siento la necesidad de persuadir al grueso de la cultura sobre la validez de este fenómeno. Pienso que ya es el momento de crecer como especie y decirnos: ‘Bien, algo distinto está sucediendo aquí’. No nos limitemos a debatir si es real o no. Está bien preguntarse: ‘¿Qué entendemos por real?’. Pero avancemos e insistamos: ‘Algo está sucediendo aquí’.

Sigamos interrogándonos: ‘¿Qué significa esto, realmente, para nosotros? ¿Qué significa para nuestra cosmología? ¿Qué significa clínicamente para los psiquiatras? ¿Qué significado tiene para nuestras relaciones con la ecología y con la crisis del ambiente? ¿Y qué en términos del dominio de la realidad? ¿O significa que han cambiado nuestras categorías de realidad?’.”


Hay un sujeto en California, Jack Sarfatti, para quien “existe cierta clase de agujeros negros a través de los cuales los ET llegan desde más allá del espacio-tiempo”. Si somos, como en Hoguera de Vanidades, de Tom Wolfe, “amos del universo”, ¿cómo se conjuga nuestra idea de nosotros mismos si otras criaturas pueden venir y dominar nuestras voluntades sin que podamos oponernos?

En su “Informe preliminar”, Mack lo consideró “el cuarto golpe a nuestro egoísmo colectivo, después de Copérnico, Darwin y Freud”. Ergo, no seríamos ya la inteligencia predominante en el cosmos ni los dueños de nuestra existencia psíquica y física, y podemos ser “invadidos”, si no literalmente por otras criaturas, sí por otros planos de conciencia que pueden hacer con nosotros lo que sea para una finalidad que ni siquiera vislumbramos...

Moulton Howe sugiere que verdaderos ET podrían estar manipulándonos genéticamente desde hace miles de años, haciéndonos alcanzar los importantes objetivos que logramos.

Mack opina: “No sé qué remiendos se han hecho en nosotros, pero si existe una energía proveniente de alguna fuente ignota y que está conectada con nosotros, ¿son otros seres? Hay una dimensión interesante en todo esto, sobre la que discutimos mucho con Budd Hopkins y Dave Jacobs: me llama la atención el hecho de que parece haber una coincidencia muy especial entre el investigador y la persona que vive la experiencia.

De modo que lo que puede ser la estructura típica de un secuestro para Dave Jacobs, puede no serlo para, digamos, Joe Nyman o yo mismo. Las personas que viven la experiencia parecen elegir al investigador que coincida con su caso”.


Esto remite a la posibilidad de que las presuntas abducciones estudiadas podrían ser sólo producto de una “cosecha cerebral conductista” por parte de los hipnólogos o investigadores de OVNIs, es decir, que en base a traumas francamente terrenales se “fabrique” aquello que se quiere descubrir. “Yo no participo de esa posición”, dice Mack. “Veamos lo que le pasó a X durante una regresión hipnótica: el tipo aullaba y se sacudía allí, en mi diván. ¡Era terrible! Gritaba: ‘¡Te mato! ¡Te rompo el culo! ¡Fuera de mí!’, lloriqueando y teatralizando su lucha para apartar a los seres.

Después, despierto, sollozó: ‘Le aseguro, John, que el trauma de todo lo que hicieron con mi cuerpo, la toma de muestras de esperma, la parálisis y todo eso, no fue lo que más me aterrorizó. ¡Lo más duro fue la destrucción de mi noción de la realidad si llegaba a aceptar la realidad de esas criaturas!’.

”A menudo, lo último que los secuestrados se atreven a hacer es mirar a los seres a los ojos. Saben que si los miran directamente tendrán que reconocer su presencia, porque la transmisión de energía es tan intensa que ya no se puede negar la realidad de esas criaturas. Y entonces tienen que admitir que hay cierta fuerza, cierto poder, ciertos seres, sean lo que fueren, que chocan frontalmente con la representación de la realidad que siempre hemos sostenido.

”No hay nada a lo que la gente se aferré más que a su idea de qué es real, qué existe, cómo está construido el mundo. Y si todo eso se pone en tela de juicio, la gente se aterroriza. Y por eso aparecen las resistencias.”

¿CIENCIA HUMANA O ARROGANCIA?


Mack siente un gran respeto por la ciencia occidental, que nos liberó de pestes y enfermedades, nos dejó alimentar a poblaciones que de otro modo habrían muerto de hambre, nos dio la oportunidad de conocernos más gracias al transporte y las comunicaciones electrónicas, nos permitió caldear nuestras viviendas en invierno o protegemos de las fieras.

Los triunfos concretos de la ciencia son palpables y, por cierto, derivaron en la idea de un gran dominio intelectual sobre la naturaleza. Sin embargo, produjo también cierta arrogancia en las escuelas de pensamiento que nos permitieron alcanzar ese dominio. “Y es la arrogancia la que nos lleva a quebrar nuestro equilibrio con la naturaleza”, insiste Mack, quien arriesga que el enigma de los secuestros por OVNIs podría desempeñar alguna función correctiva.


“No digo que este fenómeno haya sido concebido intelectualmente para restablecer el equilibrio, pero curiosamente parece funcionar como contrapeso de aquella arrogancia al señalarnos que no somos los amos de la naturaleza. Y resulta atinado que aparezca exactamente ahora, cuando estamos a punto de corromper la vida con nuestras toxinas y con la destrucción de las selvas tropicales y la contaminación de los mares.

Por lo tanto, confío en la tarea de hacer conocer este fenómeno, que tiene la gran posibilidad de desarmar esa arrogancia suicida de nuestra especie.”


Pero hay una cuestión más obvia: si los ET sienten la urgencia de detener nuestra necia destrucción, ¿por qué no intervienen en forma directa e inequívoca? “Yo no digo que sean ellos los que sientan esa urgencia”, responde Mack. “Podría ser como si la totalidad de la cosa tuviera cierta... vida propia, no sé”.

¿Sugiere el experto que el universo es un organismo viviente del cual la Tierra no es sino una parte? “Podría ser que todo formara parte de algún... ¿plan divino, quizá? Perdón, pero la gente habla de Dios en la iglesia y realmente no cree que haya un designio divino.

Es lo que sucedía con Juana de Arco: estaba bien que hubiera reglas referidas a Dios, siempre y cuando nadie estableciera una conversación directa. ¡Muchos fueron quemados por eso!”.


Thomas Berry, el progresista teólogo católico, habló de la Tierra como del más refinado ejemplo de la Creación, pero vivimos escindidos de cualquier proyecto espiritual que trascienda nuestra propia materialidad. “Fui educado como el más riguroso de los materialistas”, confiesa Mack. “Siempre pensé que estábamos solos en este universo sin sentido, sobre esta roca verdosa con plantas y animales, y que estábamos aquí para dar lo mejor de nosotros, y que al morir todo se acaba.

Pero este fenómeno me ha sacudido e intrigado. No, no es como si Dios interviniera en los asuntos de la Humanidad. Esa sería una concepción infantil de lo religioso porque, después de todo, nadie detuvo el holocausto nazi, ni las grandes hambrunas, ni las plagas ni la bomba atómica.

Pero, ¿y si la destrucción del planeta no estuviera permitida? ¿Y si el agente corrector fuéramos nosotros mismos? En otras palabras: podría ser nuestra transformación la que se está produciendo aquí. ¡Es posible que no sean ‘ellos’ quienes estén haciendo algo! ¡Podría ser que la novedad esté penetrando nuestras almas y que seamos nosotros quienes estemos frenando la destrucción!”.


A Mack, un abducido le dijo: “Es como si las mariposas volvieran para impedir que las orugas sigan comiéndose indiscriminadamente los árboles”, pero él sigue afirmando que “nuestra noción de ‘nosotros’ y ‘ellos’ es incorrecta: corresponde a la idea de un ‘afuera’ que va a afectamos sin considerar que hay una conexión interior entre nuestra psique en evolución y el mundo exterior. Yo también caigo en esta trampa. Pero toda idea de algo ‘extraterrestre’ es una manifestación de nuestro pensamiento dualista.

También nosotros somos ET en cierto sentido: nuestras psiques no están confinadas a la Tierra”.


En los Estados Unidos, no pocos investigadores han llegado a la conclusión de que los OVNIs son naves espaciales tripuladas por seres extraterrestres, y que esos seres existen en nuestra realidad material y son los que realizan los secuestros.

Señala Thomas E. Bullar que “esta tesis coincide con una experiencia compartida más que con fantasías personales o estudios culturales. No nos preocupemos del porqué. La ‘explicación ET’ funciona. Satisface a los creyentes que buscan una respuesta coherente al fenómeno de los secuestros, y sólo al precio de aceptar una única premisa: su origen extraterrestre”.

Y David Jacobs sostiene que “ningún sistema de pensamiento ha presentado pruebas a favor de que esté sucediendo otra cosa que no sea lo que los mismos secuestrados han denunciado”.


Hoy, a cualquier teoría se le opone una solución insatisfactoria. Si el fenómeno de los secuestros es considerado desde el punto de vista de la psique, nos enfrentamos con materiales extremadamente raros, y desde una hipótesis extraterrestre tomada al pie de la letra, se amplía nuestra noción del universo físico y sus propiedades hasta más allá de los límites convencionalmente aceptados.

Enfrentados con estos dilemas, algunos ovnílogos (especialmente Jacques Vallée y Karl Brunstein) escriben sobre la penetración de nuestra realidad por parte de “mundos paralelos”, incluso provenientes de otros universos. Vallée sostiene que “el fenómeno OVNI es la prueba de la existencia de otras dimensiones más allá del espacio-tiempo.

Los OVNIs pueden no venir del espacio ordinario sino de un multiverso que nos rodea por todos lados”.


“Lo que resulta interesante”, puntualiza Mack, “es que los mismos secuestrados son, con frecuencia, poco preparados científicamente y en gran parte desconocedores de escritos y teorías que luego revelan bajo hipnosis: sólo entonces muestran una concepción que habla de la penetración en su conciencia de otras dimensiones, más allá de nuestra conocida realidad limitada por el espacio y por el tiempo.

Muchos de los secuestrados a los que entrevisté tienen la impresión de que hay alguna otra inteligencia exterior a la nuestra que está actuando, y a la que sienten responsable de la creación de nuevas formas de vida, de la alteración de su propia conciencia y de afectar las nociones humanas básicas de la realidad.”


Uno de sus pacientes, por ejemplo, le informó: “Cuando los vemos llegar, es como si aparecieran a través de un decorado teatral o una pantalla de cine. Cuando han llegado, los vemos como una imagen común proyectada en la pantalla.

Cuando se acercan, es como si alguien encendiera una luz muy fuerte desde atrás de esa pantalla, que borra toda la escena. Eso que percibimos como pantalla cinematográfica y que llamamos ‘realidad’, ellos lo ‘queman’ para atravesarlo, demostrándonos que es sólo una proyección, una representación de la realidad”.

CONSPIRACIÓN GUBERNAMENTAL


Independientemente de si la hipótesis extraterrestre es sólida o no, Mack opina que existe una conspiración gubernamental para impedir que el público conozca más sobre el fenómeno OVNI. Y lo dice sin pelos en la lengua: “Mi punto de vista sobre el gobierno es el siguiente: me imagino que si yo fuera un general de alto rango en la Fuerza Aérea, digamos, y mi tarea consistiera en proteger los cielos, la Guerra de las Galaxias y todas esas cosas, y me enfrentara con una tecnología capaz de superar en todo a cualquier procedimiento conocido por nosotros, literalmente capaz de darnos vuelta como un guante, entrar y salir de nuestro espacio aéreo, atravesar la pantalla de radar (y ya he visto esas fotografías tomadas con tiempo, donde aparecen dieciocho líneas zigzagueantes y en un segundo el objeto ha desaparecido), y hasta secuestrar gente que está durmiendo en su cama...

Si todo eso sucede y estamos literalmente indefensos, digo, yo, como general de la Fuerza Aérea, le presentaría toda esa información al Presidente. El Presidente, claro está, me preguntaría: ‘General Fulano, ¿qué podemos hacer frente a esto?’, y yo le contestaría: ‘Con nuestra actual tecnología, señor, no podemos hacer un pepino y, lo que es peor, ellos están tratando de obtener información constantemente. ¿Qué debo hacer?’.

Y el Presidente diría: ‘Bueno, veamos. Por supuesto que no podemos anunciar públicamente que hay extraterrestres en esas dichosas naves, y que entran y salen de nuestro espacio aéreo como quieren, y que se llevan a nuestra gente, y que no podemos hacer nada. ¡Pero estamos trabajando en el tema! ¡Es poco serio aterrorizar al pueblo! Por lo tanto (sigo fingiendo ser el Presidente), no podemos reconocer que eso existe. Así que simplemente neguémoslo’.

Y como resultado de todo esto, el gobierno se encuentra en un aprieto: por un lado, tiene que negar el hecho; por otro, necesita impedir que la población tenga acceso a la información de que él dispone. Y eso es lo que produce la sensación de que estamos ante una conspiración”.


Mack continúa: “Pienso que la cosa es tan sencilla como acabo de presentársela al mundo: ningún gobierno comprende el tema mucho mejor de lo que podemos entenderlo usted o yo. Y como no hay manera oficial de encarar el dilema, el gobierno no puede cumplir con su tarea específica. Si su responsabilidad es proteger a la población y no está capacitado, de enterarnos, ¿confiaríamos en él?”.


No obstante, Mack confiesa que siente cierta simpatía por el gobierno. “Si mi tarea fuera proteger nuestro espacio aéreo y no pudiera hacer nada mejor que eso, quizá yo tampoco lo admitiría... En algún otro momento me gustaría charlar sobre una política del ser en la sociedad, y sobre quién decide qué es real y qué no lo es en una determinada cultura.

En verdad, es sólo un porcentaje muy pequeño de la población el que determina las cosas. Es algo similar a lo que sucedió cuando la Iglesia dominó los cultos paganos en Europa. Aunque el cristianismo se convirtió en la religión oficial, el pueblo siguió, más o menos privadamente, con sus cultos paganos.

Algo parecido sucede ahora: el 70 o el 80 por ciento de la población puede creer en los OVNIs, pero el oficialismo científico dice que no existen. En consecuencia, no existen. Se acepta que el asunto es sólo una respuesta a una cuestión empírica, pero yo pienso que en gran parte es también una cuestión política”.



John Mack insiste en que nuestra humana negación reside en que “nos hemos escindido demasiado del mundo del espíritu” y exhibe permanentemente una cita literaria que es algo así como su brújula profesional:


“En el fondo, es un único coraje el que se nos pide: enfrentar lo más extraño, lo más singular y más inexplicable que podamos encontrar. El hecho de que la Humanidad se haya portado cobardemente en ese sentido le ha hecho un gran daño a la vida: las experiencias que denominamos ‘visiones’, el conjunto del llamado ‘mundo espiritual’, la muerte y todas esas cosas tan estrechamente ligadas a nosotros, han sido apartadas de la vida hasta tal punto por nuestras defensas cotidianas que los sentidos con los cuales podríamos atraparlas se nos han atrofiado.Y esto, sin hablar de Dios.”

Firmado: Rainer Maria Rilke.

“Si usted fuera Dios y estuviera tratando de llegar a la mente occidental”, concluye Mack, “no podría hacerlo sino a través de aquello que se presenta en nuestra realidad física, porque no tenemos los sentidos adecuados para conocer otra cosa.

Lo que Rilke dice es que esos sentidos se han atrofiado, esos sentidos a través de los cuales el mundo, todos nosotros antes del siglo XVII, conocimos las verdades del espíritu, que están más allá de lo material. Hemos perdido esos sentidos: tal es el precio que pagamos para ser los ‘amos del universo’. Nos hemos despojado de gran parte de lo que éramos, de las capacidades que la naturaleza nos regaló.

Y resulta irónico ahora que esta grosera y sorda ‘invasión ET’, este fenómeno de los secuestros que se mete en nuestros sentidos, esté obligando a alguna gente (los secuestrados) a abrirse llenos de terror frente a nuevas realidades. Pero si ellos sienten ese terror, imaginémonos el que vivirán quienes enfrenten ese fenómeno en el futuro, después de haber dicho mil veces: ‘¡Qué disparate!’.

De acuerdo: no disponen de los medios para relacionar todo esto con su noción de realidad y no pueden aceptarlo simplemente porque el fenómeno no coincide con su visión de la vida. Pero por favor, no nos cerremos las puertas a nosotros mismos: es inhumano.”




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